El evento Carrington: ¡Cuando los cielos se iluminaron de horror!

El 1 de septiembre de 1859, el Sol arrojó gas electrificado y partículas subatómicas equivalentes a la energía de 10 mil millones de bombas atómicas hacia la Tierra, lo que provocó que fallaran las comunicaciones telegráficas, lo que literalmente sacudió a los operadores y provocó que los sistemas se incendiaran. Las auroras boreales se registraron en lugares tan al sur como Cuba y Hawaii, lo que permitió a los testigos leer los periódicos únicamente a la luz de las auroras.

A finales del verano de 1859, los cielos de todo el mundo se iluminaron con un deslumbrante despliegue de luz. Durante casi una semana, la gente se reunió y miró hacia arriba, aterrorizada y asombrada por lo que vio. Algunos creían que era una señal del fin del mundo, mientras que otros se maravillaban ante la belleza de la aurora boreal que parecía extenderse por todo el mundo.

Evento Carrington
La capacidad de las tormentas solares para dañar la Tierra probablemente ha sido subestimada porque no podíamos creer lo grandes que pueden llegar a ser. Crédito de la imagen: Elena11/Shutterstock.com

Este evento, ahora conocido como Evento Carrington, lleva el nombre del astrónomo aficionado británico Richard Carrington. El 1 de septiembre de 1859, Carrington estaba en su observatorio privado cuando fue testigo de la aparición de dos manchas de intensa luz blanca en la superficie del sol. Hizo un dibujo para documentar sus observaciones, que luego sería enviado a la Royal Astronomical Society como parte de un informe completo.

Richard Christopher Carrington
Richard Christopher Carrington (26 de mayo de 1826 - 27 de noviembre de 1875) fue un astrónomo aficionado inglés cuyas observaciones astronómicas de 1859 demostraron la existencia de erupciones solares y sugirieron su influencia eléctrica sobre la Tierra y sus auroras; y cuyos registros de 1863 de observaciones de manchas solares revelaron la rotación diferencial del Sol. Crédito de la imagen: El Sol

Carrington no lo sabía, acababa de presenciar dos de una serie de erupciones solares: eventos violentos en la superficie del sol que liberan enormes cantidades de energía y partículas. Luego, estas partículas se dirigieron hacia la Tierra, provocando un espectacular despliegue de luces en el cielo. Este fenómeno se conoce como Aurora Boreal o Aurora Boreal.

Pero si bien los cielos se iluminaron con impresionantes espectáculos, también hubo algunas consecuencias inesperadas. Los operadores de telégrafos de todo el mundo experimentaron extrañas dificultades con sus equipos: algunos sufrieron descargas eléctricas y quemaduras al tocar las teclas del telégrafo, mientras que otros podían transmitir mensajes con las baterías desconectadas.

Los periódicos durante esta época estuvieron dominados por informes sobre las luces en el cielo y las interrupciones en los servicios de telégrafo. Muchos creyeron que era una señal del apocalipsis, y algunos incluso se aterrorizaron tanto que fueron internados en manicomios.

Pero lo que hizo que este evento fuera verdaderamente único fue su momento. En 1859, la tecnología eléctrica era todavía relativamente básica: los sistemas de telégrafo eran el único uso extendido de la electricidad. Sin embargo, hoy en día, nuestra infraestructura moderna depende en gran medida de la electricidad. Entonces, ¿qué pasaría si ocurriera un evento del nivel de Carrington en nuestro tiempo actual?

A diferencia de 1859, probablemente recibiríamos alguna advertencia antes de que una tormenta geomagnética golpee la Tierra. Ahora existen sistemas para proporcionar al menos un día completo de tiempo de preparación. En el mejor de los casos, una respuesta rápida y coordinada implicaría desconectar cualquier sistema que pueda resultar dañado por el evento mientras dure.

Sin embargo, si no estamos preparados y hoy ocurriera un evento del nivel de Carrington, las consecuencias podrían ser desastrosas. Se estima que los daños causados ​​por el evento podrían generar billones de dólares en impacto económico y potencialmente dejar a millones de personas sin electricidad durante un período prolongado.

El Evento de Carrington sirve como recordatorio de la fragilidad de nuestra sociedad moderna y la importancia de estar preparados para los desastres naturales. A medida que la tecnología continúa avanzando y nuestra dependencia de la electricidad crece, es crucial que dispongamos de salvaguardias para protegernos de las tormentas solares y otras posibles catástrofes.