Muchas veces la religión (de cualquier signo) ha optado por aniquilar el conocimiento. Porque, voluntariamente, poner fin al progreso de la humanidad por temor a perder el poder de influencia. En ocasiones, esta destrucción del conocimiento ha podido provocarlo de forma involuntaria, sin saber lo que estaba haciendo. Por un descuido.

Esa es al menos la moraleja que obtenemos al saber lo que sucedió con el Palimpsesto de Arquímedes. Este documento único e imprescindible tenía entre sus páginas El método de los teoremas mecánicos de Arquímedes, famoso matemático de la época, así como físico e ingeniero, que vivió desarrollando su investigación en Siracusa en el siglo II a. C.

El documento se encuentra en Constantinopla en el siglo X. Contenía, que sepamos, un discurso de un famoso político y orador ateniense del siglo IV aC llamado Hyperides; un comentario sobre una obra de Aristóteles, del siglo III; y, sobre todo, aproximaciones y cálculos que anticiparon veinte siglos nuestra matemática moderna, incluida la matemática combinatoria.

Lo que la humanidad no descubriría con el desarrollo de las matemáticas hasta la llegada del Teorema Fundamental del Cálculo de Isaac Newton y Gottfried Leibniz a principios del siglo XVII, ya lo había formulado este antiguo pensador.
En particular, encontró una manera de calcular el centro de gravedad de un paralelogramo, un triángulo y un trapecio; y calcular el centro de gravedad de un segmento de parábola. Este tipo de cálculos, aunque muy primitivos, son los que, avanzado el desarrollo teórico, permiten posteriormente deducir problemas como los de "Cuánto tiempo le tomó a un automóvil viajar del punto A al punto B". Calcular con precisión los gastos de una empresa. Tener seguridad vial. Construir con firmeza macropuentes o rascacielos.
¿Y qué pasó entonces? Que nadie pareció entender en ese momento la importancia de sus revelaciones. El pergamino, como decimos, vivió un largo recorrido durante 12 siglos, hasta que tres siglos después fue sacado por monjes de un convento cristiano. Despegaron el documento, rayaron imperfectamente lo que decían sus páginas y combinaron las páginas, partidas por la mitad, con las de otros seis libros que estaban allí.

Reciclaron y volvieron a prensar las páginas y escribieron un libro de salmos y oraciones cristianas sobre ellas. Era una práctica común en ese momento ya que el papel era un lujo. Es solo que decidieron restarle importancia a lo que Archimedes había escrito y priorizar algunas de sus canciones.
Viajamos a 1906 cuando se encontró de nuevo en Constantinopla. La investigación sobre el documento estuvo estancada durante años por la Primera Guerra Mundial, pero en 1998 un equipo de más de 80 científicos y expertos en cultura clásica, en su mayoría de la Universidad de Stanford, se esforzó por realizar trabajos arqueológicos sobre este y otros documentos. El hallazgo de rayos X que hicieron fue, lógicamente, totalmente inesperado e impactante.




